Hola, qué tal. No se si decirte mi nombre y mi apodo, porque ambos me encantan. El tema es que hay gente que no se merece mi nombre y hay otra que no se merece mi apodo...
Un día cualquiera de mi vida me despierto, me hago una galleta de arroz con mendicrim y dulce de durazno, un jugo de naranja y me clavo una pastillista bicolores de las que me da la homeópata. Si me levanto inspirada, sale con huevos revueltos y tostada. Me voy a trabajar en subte y con odio, odio profundo, odio por todo. Principalmente por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
En el trabajo, por lo general, no hago nada o hago todo a último momento. Soy lo menos eficiente que hay, pero por algún motivo incierto todas las personas con las que trabajé me necesitan y no pueden vivir sin mí. Ha de tratarse de gente muy inútil. Es un misterio.
En mi tiempo libre arruino toda posibilidad de crecimiento mediante el cuelgue en cosas que no tienen sentido. Calorías vacías, diría el libro de nutrición. Pero, cuando quiero, puedo llenar el tiempo con música y sentirme de verdad llena y productiva.
Me gusta mucho hablar de música, más escuchar hablar de música que actually hablar de música. Me hace sentir in the right place at the right time en un sentido muy amplio de place y time.
Cuando salgo, me gusta sentirme desubicada en diferentes grupos de gente a la que no entiendo, ni de qué hablan, ni lo que comen, ni como pueden vivir así. Remato la noche, por lo general, volviéndome en la linea de colectivo más vueltera que encuentre, leyendo un libro y a punto de quedar ciega por la falta de luz, o escuchando Bowie con auriculares y sonriendo, mientras amo profundamente a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y me siento feliz de estar en ella.
En fin, no busco a nadie, la verdad, pero de momento me inclino hacia la gente carente de más de una capa de personalidad pero de lo más guapa y cool, o bien, gente con quien fumar y meterme de lleno en TODOS los asuntos posibles de la vida, y de la música, y del universo, y de qué hacer con lo que nos tocó en la vida, que es, prácticamente, de lo que habla toda la gente que conozco.
Ah, ni en pedo busco a alguien que me quiera como soy, porque para eso estoy yo, que me amo. Al menos en este preciso momento.