Entonces espero hasta las 10:42, a veces hasta las 10:28, para prenderme el primer pucho el día. El horrible, el del arrepentimiento del resto del día. Y lo apago cuando viene el consultor estrella-do, pero cuando se va lo vuelvo a prender (sí, el mismo). Y en la penúltima pitada busco con la vista en mi escritorio algo para sacarme el gusto de la boca. Hoy: una Criollita. Cómo me gustan las criollitas, más que toda esa sarta de galletitas que se creen criollitas y no le llegan ni a la cintita roja para abrirlas (que las Criollitas no tiene, pero qué me importa porque las abro con un cuchillo y quedan mucho más lindas).
Y me pregunto: ¿se suspenderá lo del Konex por lluvia? ojalaquesíojaláquesí ¿se suspenderá el after office por lluvia? ojaláquesíojaláquesí ¿se suspenderá el mundo por lluvia y por que tengo el pelo horrible y estoy cansada de trotar por el mundo como si no tuviera un lugar en él? Que es la más absoluta verdad, no tengo un lugar en el mundo.
Antes mi lugar era la alfombra, pero ahora está siempre regada de cosas que desordeno para salir al trote, así que es como un círculo vicioso. Mi lugar podría ser ese banquito blanco con el almohadón amarillo con botón, pero siempre termina el almohadón en el suelo con el cel arriba para que no vibre antes de sonar y me de un infarto mientras duermo (cosa que tantas veces anhelé), y el banquito lleno de libros y cuadernos y anteojos y cenicero, y mate que termina en la alfombra con una estela de yerba volcada.
Además, la carencia de un lugar en el mundo me hacen arrastrar con una cartera gigante o una mochila gigante plus una bolsa gigante de ksk reforzada llena de todo lo necesario para salir al trote.
Antes (bis) todo lo necesario para salir al trote entraba en un necesaire de jean former cartuchera, con un delineador y un espejito, una manteca de cacao, un par de tampones mini y un cepillo de dientes. Pero de repente el corrector de ojeras, una bombacha, y un montón de invisibles y palitos para el pelo, y un spray para los rulos, una vincha, un rimel, crema para manos, un completísimo kit de analgésicos, uno o varios candados, y un sinfin de cosas que me servirían en tantas variadas ocaciones que no se dan anymore, pero we keep hoping for them. Cuando decime si no podemos darnos un palo con la realidad para poder darnos por libradas de todo eso y salir a la vida con las llaves y la billetera. Y que cada día no sea un día menos, sea un día más.