El otro día venía casi a los gritos, y todo por que hay sol: estoy bien, estoy bien, estoy bien (muy cierto mensaje de texto de cierta época de apego a cierta cosa). Y no va que me tiene que tocar un vieja pelotuda en el subte, de esas que te dan tanta rabia que tenés que mirar para otro lado mientras le decís "no, todo bien".
Y todo 10 minutos después de que me creí, no sé, por decirte algo, maru botana o la novia nueva del tipo más popular de un grupo de hippies anónimos. Como si tal cosa. Como si yo, alguna vez.
Y terminé pasando casi dos días alejada de mi nueva cajita de alimento para idiotas. Esa cajita tan linda, tan brillante, tan individualizadora de personas con cuartos chiquitos.
Pero bueno, ya pasó, ahora soy otra persona vestida de verde, que toma bebidas saborizadas y se despierta con el estómago revuelto. Pero que llega a casa y se divierte a lo loco.