3.9.07

Over

Y sin estar pensando en èl o invocàndolo, de repente llegò a mi vida, en una cajita conocida, mi primer Migral. Un comprimido recubierto, rojito y brillante, sensual y llamativo. Y, te lo juro, no lo estaba pidiendo a gritos.
Leì todo el prospecto (bah, todo no, solo la informaciòn ùtil, o sea: sobredosificaciòn. Por què todos te mandan al Fernandez?), lo dejè en la mesita de luz, y me dormì con las cervicales danzando la danza de la muerte.
Al otro dìa me levantè, me seguì relamiendo las heridas, hasta que el sol me dijo "dejate de hinchar las pelotas" y me fui a pasar un dìa lindo.

No rain

Acerca de mí