Mirá si seré estúpida que hasta parezco contenta. Con tres cuadraditos de chocolate y una conversación por teléfono. Y un capítulo leido de Mochón (leido, no entendido).
Ayer me hubiera cortado las venas con el cepillo de dientes de la niña mala. Pensando: no podés ser tan pusilánime, Ricardito, te odio a más no poder, Ricardito, por qué no te morís y nacés de vuelta como protagonista del Código Da Vinci Reloaded así sos menos mediocre, Ricardito. Por suerte se terminó, tan mediocremente como siempre, muerta ella, imbécil hasta el hartazgo él. Me alegré mucho de que ella se muriera.
Ayer a la noche y toda la madrugada, cuando me despertaba en countdown, procesando sueños con patines y recepcionistas, y fugitivos y narices sangrantes, estaba segura de que iba a escribir algo que tuviera la palabra vómito y que el título iba a ser: the shotgun under your bed has started breathing. Pero es tan lindo y matador que lo dejo para semi resoluciones del plan.
No sports, just games.