Toda resfriada y comida por mosquitos, pienso: los planes me arruinan*. Física y anímicamente. Y moralmente. Y claro que es por eso que me emborraché diariamente este mes. No quiero acordarme de que estoy así hecha un flan derretido, con el dulce de leche todo liquidificado y tibio, la crema aguachenta y fea.
No solo quiero irme, sino que espero de mi ida mucho más de lo fisica y terrestremente posible (flashback, carta de Felices 15, my friend de Dana. ¿Por qué? Pues no sé).
* Los planes me arruinan, aquellos que tienen que convertirse en realidades cargadas en mi espalda cual mochilas Doite. Aquellos planes que no tienen chance en este mundo, reposan en mí como marisopitas.