Desde el miércoles te quiero decir un par de cosas. Quize acordarme las exactas frases con las que I labeled las cosas, pero estamos a sábado y dolor de cabeza psicológico.
Lo del miércoles a la noche decía más o menos así: qué orgullo que me da esta banda. No porque sea la de mi novio. Si no fuera la de mi novio, sería una de esas bandas de las que me creo parte, sólo por entender algo que otros no, if you could ever know what I mean. Hace poco una amiga me dijo "vos no sos groupie, te quiero ver en tu propia banda", pero el problema es que yo no puedo encontrar ese kind of orgullo para mí. Por eso, viste.
Es una de esas certezas de las que te vas haciendo amigo de a poco (y a las piñas). Casi como de la idea de que los ovnis no existen. O la idea de que no me sale odiar a mis viejos.
Ok, cut. Jueves... No me acuerdo de las frases, sólo me acuerdo de las risas, y de las cosas que trajeron las risas back into our lives. Durante tanto tiempo pensé que ya no necesitaba eso, y lo peor es que lo pensaba por las razones incorrectas. Fue como la película Sexto Sentido cuando a Bruce le cae la ficha de que el primer tipito decía la verdad. Igual uno siempre termina pensando al respecto: no podés cambiar de mejores amigas a los ¿cuántos años tengo? Pero capaz que sí. Pensalo.
Bien, ya casi fue viernes, porque de tanto reirnos nos dormimos re tarde. Acá la cosa está clarísima. La cosa viene a ser algo como una bola gigante de afirmaciones y dolores de panza. Igual siempre es mejor eso que... no sé, alguna otra cosa. Al plano real: quiero ayudar y sí se cómo, pero me da pánico querer imponer mi opinión. Si quiera emitirla. Of course.
Hoy es sábado. Como te dije, me duele la cabeza por otra cosa. Tengo terror del cuatrimestre académico. Tengo mucha mierda interna esperando convertirse en música (nunca dije que vaya a ser buena música)... Con lo mal que me cae escuchar la palabra mierda.